Tiger Woods, "El renacido"


Once años sin coronarse en un major, 750 millones de dólares perdidos, diez visitas al quirófano, un año de libertad condicional, adicción a los fármacos y más de 120 infidelidades quebraron anímicamente a Tiger Woods al ser incapaz de dominar sus impulsos.




Lo hirieron de gravedad, pero no lo aniquilaron. Maltrecho, volvió a “renacer” apelando al amor propio y el instinto paternal para obtener su quinto saco verde del Master de Augusta, y adueñándose, así, de su quinceavo major. El golf está de fiesta porque su máximo ícono ha demostrado que el ojo de tigre tiene bajo la mira aún más títulos por conquistar.


2 de junio de 2017, Jupiter, Palma Beach, Florida. Dentro del Ambrosia Treatment Center hace un calor sofocante, típico del clima húmedo de Florida, pese a ello, la sesión grupal en esta clínica de rehabilitación no se ha pospuesto. Cada uno de los integrantes han pasado al estrado a relatar, entre lágrimas, risas e incómodos lapsos de silencio que sirven como pausas para reagrupar las ideas, sus experiencias y lucha diaria contra las adicciones. Mismas que son secundadas con señas de aprobación que incluyen inclinaciones de cabeza, golpes en el pecho, o uno que otro susurro de “me too”, que se pierden dentro del anonimato del grupo. A ojos del coordinador, la sesión ha sido sumamente catártica, pero aún falta que un miembro suba al estrado. A continuación lo presenta:
- Ahora, demos la bienvenida a Eldrick Woods.
Dicho esto, un afroamericano de aproximadamente cuarenta años, complexión fornida y escasa fibra capilar, sube al estrado con los hombros abatidos en un evidente lenguaje corporal depresivo y de hastío.
- Hola a todos….. soy Eldrick Woods….. o mejor conocido como Tiger Woods -, tras una pausa de varios segundos, retoma el hilo conductor - … soy adicto- completa forzosamente la oración a la par que fija su mirada en la nada.
- ¡Hola, Tiger! -, responde el grupo en medio de una lluvia de aplausos, como muestra de respaldo para que prosiga con su testimonio. Uno que otro de los presentes no puede ocultar la sorpresa y la curiosidad que le causa que quien les habla entrecortadamente sea considerado el mejor golfista de la actualidad, y más aún, que éste sea “uno de ellos”, un compañero de la misma lucha.

El abandono 
Tiger Woods, hasta el 2008, parecía ser una máquina perfecta de hilar títulos y millones de dólares, sin errores, ni fallas, tan alejado de la propia naturaleza humana de prueba y error. Ostentaba 14 majors y se vislumbraba que era cuestión de un par de años para que superara a Jack Nicklaus (18 títulos) como el golfista con más “grandes” en la historia de la PGA.

A nivel económico, entre la bolsa de premios obtenida por cada uno de sus títulos, patrocinios y negocios propios, la marca Tiger Woods tenía un valor de 800 millones de dólares. Enlistándose su cuantiosa fortuna dentro de las diez mayores de las celebridades norteamericanas. Pero todo lo que sube tiene que caer, simple ley de gravedad que ni el tigre más feroz, como Woods, está exento de experimentar en carne propia.

En 2009 su vida dio una vuelta de tuerca, al llevarlo, sin escalas, de la cúspide al suelo. Se documentaron, por lo menos, un centenar de relaciones extramatrimoniales que desembocaron en el divorcio más costoso en la historia del deporte. Por lo que Tiger tuvo que entregarle a su ex esposa, la modelo sueca Elin Nordegren, la cantidad de $750 millones de dólares, debido de un acuerdo prenupcial firmado en 2004. Pero esto solo fue la punta del iceberg, al emerger a la luz pública que en un lapso de seis años se había gastado más de 40 mil dólares en “deslices” con prostitutas.

Del árbol caído se hace leña y la cacería de brujas de la adicción al sexo de Tiger Woods se transformó en una campaña de desprestigio propagada por las más importantes cadenas de televisión y empresas editoriales de Estados Unidos, quienes tomaron el testimonio de un puñado de mujeres entre camareras, escorts, prostitutas y actrices porno, quienes describían a Woods como un pervertido sexual, más que como un buen amante.

Convertido públicamente más en “el rey de Sodoma y Gomorra” que en el “Mesías del golf” que fue por más de una década, importantes marcas, temerosas de que estos escándalos se ligaran a su imagen, le retiraron los patrocinios. La primera en finiquitar su compromiso con el también egresado de Stanford, fue Gatorade; tras el retiro de la marca de bebidas isotónicas, como castillo de naipes fueron cayendo el resto de sus sponsors: AT&T, Gillette, Golf Digest, etcétera. Tan solo con el retiro del patrocinio de Gatorade perdió 40 millones de dólares.

Su deterioro continuó en caída libre ya que dicho escándalo también afectó las finanzas de importantes empresas donde era socio como Electronic Arts, al caer un 4.3% las acciones de la compañía, repercutiendo en un déficit superior a los 4,200 millones de euros.

La caída del valor de la marca “Tiger Woods” fue tan estrepitosa que el propio golfista estadounidense, en un acto desesperado por limpiar su imagen, ofreció una conferencia de prensa para pedir perdón y redimir sus pecados, declarando que su adicción al sexo y al alcohol eran más fuertes que su fuerza de voluntad.
Pero lejos de ganarse el indulto de los medios de comunicación presentes, se volvió presa fácil por parte de algunos reporteros de la prensa amarillista que, con lujo de detalles, le cuestionaban acerca de varios de sus affairs con sexoservidoras.
Situación que desató la ira e indignación del propio Tiger, dando por concluida la conferencia de prensa antes de lo esperado. Retirándose con la cara hinchada de coraje al haberle ofrecido tan embarazoso espectáculo a su madre, quien a lo largo de la rueda de prensa, soportó estoicamente los ataques hacia su hijo.

Punto de reflexión

- En mi propio abandono, erróneamente, siempre justifiqué mis encuentros extramaritales como un método de liberar tensiones o el estrés de un mal día; no lo consideraba un asunto premeditado, con dolo, ni infidelidad. Es asfixiante siempre tener que ser el número uno, ser siempre perfecto; desde niño he lidiado con eso y evidentemente no supe canalizarlo de forma correcta, inflingiendo dolor a mi alrededor. No hay nada más lapidario que saber que a través de tus actos has lastimado o decepcionado a tus seres queridos, a toda la gente que confió en ti. Es algo con lo que tengo que aprender a vivir -, confiesa el propio Tiger Woods con los ojos cristalinos dentro de la sesión de rehabilitación a su foro de escasas 20 personas, quienes no lo juzgan, solo se limitan a guardar un silencio respetuoso.

El destino, no conforme con la lapidación publica a la cual había sometido a Tiger Woods, también fue menguándolo físicamente. El costo de ganar 81 títulos de la PGA y ser el golfista históricamente de mayor tiempo liderando el ranking mundial (683 semanas) ha sido demasiado alto, tal vez más de lo necesario y le cobró factura en forma de lesiones. A lo largo de su carrera se ha sometido a más de diez operaciones, destacándose cuatro de espalda y cinco de rodilla. Mismas que nunca han logrado mitigar del todo el dolor físico, llevándolo a recurrir a combinaciones de fármacos y analgésicos como Vicodin y Ambien.

Uno de estos cocteles suministrados de forma casera y, sin supervisión médica, lo dejó drogado y dormido al volante en mayo de 2017 en una carretera de Florida. Fue arrestado por el cuerpo policial, quienes al interrogarlo, se percataron de su estado inconveniente que le impedía sostenerse por sí mismo e hilar palabras de forma coherente.

El informe toxicológico de la jefatura policial del condado de Palm Beach estableció que Tiger había consumido analgésicos como Vicodin y Dilaudid, así como Xanax, fármaco recetado para la ansiedad y el sueño y Ambien, un tranquilizante y altas dosis de marihuana. El cargo inicial fue conducción bajo el influjo de sustancias controladas, pero como Woods accedió a someterse a un programa de rehabilitación, se consideró un agravio menor por concepto de conducción temeraria. Por supuesto que no lo encantó de someterse a un año de libertad condicional y 50 horas de servicio comunitario y menos porque eso no tardó en salir a la luz pública, volviéndose un bochornoso capítulo más en su, ya de por sí, dañada imagen. Pero también le representó un punto de inflexión, al haber tocado fondo, como lo relató dentro de la misma sesión grupal.

- Ese arresto me sirvió para darme cuenta de que había tocado fondo, que no podía seguir así, le debo a mis hijos estar bien. Me llevó a cuestionarme, ¿qué tipo de padre y ejemplo quiero ser para ellos? ¿El que no puede sostenerse en pie ni por sí mismo y necesita estar en arresto domiciliario para no ser un riesgo para su propia persona y la sociedad? ¿O aquel que sus hijos vean ganar por primera vez? ¡Demonios! Lo único que han visto de su padre es su dolor, no su gloria y, sin embargo, siguen allí, amorosos conmigo. No sé ni cómo, ni cuánto me lleve lograrlo, pero ¡por ellos tengo que volver a triunfar!-, determina Tiger Woods con los puños apretados, de los cuales emana una inusitada fuerza de voluntad y poder de convencimiento tan grande, que inevitablemente, contagian al resto de la sala. De esta forma, en pleno clímax, el coordinador de la clínica de rehabilitación da por concluida la sesión. Éste, al quedarse a solas en la sala y despedir personalmente a cada uno de los participantes, toma del escritorio un ejemplar del periódico local donde se da cuenta del último escándalo de su afamado paciente, lo hojea y vuelve a colocarlo en su lugar inicial. Al cerrar la puerta de la sala se dice en voz queda: “El ojo de tigre ha despertado”.


Su dominio 
Si las garras de la depresión y el abandono de sí mismo lo llevaron al infierno, el amor que le profesa a sus hijos se volvió el GPS que le indicó de nuevo el camino al éxito y a la superación personal. Sam Alexis y Charlie Axel de 10 y 9 años de edad, respectivamente, producto de su matrimonio con Elin Nordegren, prácticamente solo sabían de las hazañas y grandeza deportiva de su progenitor a través de bibliografías. Crecieron resignándose a que su padre, con esfuerzos, apenas pudiera jugar a la pelota con ellos, debido a sus constantes operaciones de espalda y de rodilla. Por lo cual, el deseo de que sus hijos presenciaran un poco de su antigua gloria fue el motor para tener un regreso espectacular a l PGA Tour en 2018.

Propósito que lucía sumamente cuesta arriba para un hombre que en algún momento de su vida, incluso, llegó a cuestionarse si podría volver a caminar debido a sus numerosas intervenciones quirúrgicas. Pero que tuvo que levantarse de nuevo, sacudirse el polvo y emprender un sendero que lo obligó a ir en contra de todos, y sobretodo, de sí mismo. También le representó dominar sus emociones. ¿Imaginas el martirio que debió representar para un deportista de su alcurnia, acostumbrado a hacer de la victoria algo cotidiano, el hecho de ver pasar 28 majors en once años sin ganar siquiera uno? ¿Vivir más de una década en las sombras, en un plan secundario, cuando estaba acostumbrado a ser el color predominante y el protagonista principal? Pero el talento siempre estuvo a su disposición, nunca lo abandonó, solo era cuestión de poner en su justo orden y valor ciertos aspectos mentales para que la bonanza deportiva emergiera de nuevo.

Así se dejó entrever en 2018, cuando ganó el Tour Championship de Atlanta, Georgia, y que representó su primera victoria desde el 2013. Asimismo, culminó en la sexta posición del Abierto Británico y segundo del Campeonato de la PGA, donde estuvo a tiro de piedra de llevase la victoria. No obstante, festejó las fiestas decembrinas de la mejor manera al finalizar dicho año en la octava posición de la listas de ganancias del tour.

Pero el momento cumbre de su regreso a la élite del golf mundial llegó en 2019 al ganar con una tarjeta de 70 golpes, dos debajo de par, su quinto Master de Augusta y décimo quinto major de su carrera. Retribuyéndole en que actualmente se ubique en el sexto escalafón del ranking del PGA Tour.

Sus éxitos en el green también se han trasladado al aspecto económico al firmar nuevos acuerdos de patrocinio con marcas como Bridgestone, Monster y Discovery Chanel. Además de firmar un acuerdo a largo plazo con la plataforma de streaming Golf TV para grabar un reality show acerca de su vida diaria. Asimismo, como empresario, ha recuperado la brújula al ser dueño de TGR Design, compañía dedicada al diseño de campos de golf con proyectos realizados en Estados Unidos, México y Dubái, entre otros.

Todos los amantes del golf celebramos esa tarde épica tarde del 14 de abril de 2019, en la que vimos el regreso de la mejor versión de Tiger Woods. Pero sobretodo celebramos que más allá de ceñirse su quinta chaqueta verde, que le representó colocarse a tan solo tres majors de los 18 de todos los tiempos perteneciente a Jack Nicklaus, fue el renacimiento del tigre.

Tiger Woods experimentó en carne viva bajas pasiones, demonios propios y tropiezos y supo que no existe peor fracaso para una persona que su propio abandono. Pero, en contraste, en medio de un reconfortante y anhelado abrazo de su madre e hijo sobre el césped del Augusta National Golf Club, demostró que más allá de ganar un major no hay triunfo más grande para cualquier individuo que dominarse a sí mismo. El reto es conquistar a la persona que a diario vemos frente al espejo.