Rafael Nadal, polvo somos y en polvo nos convertiremos

Rafael Nadal, nacido un 3 de junio de 1986 en Manacor, Mallorca, heredó desde la cuna la pasión por el deporte, al provenir de una familia de atletas de alto rendimiento.

Rafael Nadal, nacido un 3 de junio de 1986 en Manacor, Mallorca, heredó desde la cuna la pasión por el deporte, al provenir de una familia de atletas de alto rendimiento. La frase “polvo eres y en polvo te convertirás” tiene que ver con la imposición de la ceniza, cuando el sacerdote recuerda a sus feligreses la mortalidad del ser humano. Pero tomando como referencia las casi dos décadas que Rafael Nadal lleva de trayectoria, dicho concepto tiene una nueva aplicación en él porque se ha  convertido en el mejor tenista de la historia sobre polvo de ladrillo o tierra batida, paradójicamente la superficie que más nos recuerda nuestra conexión con Pachamama (Madre Tierra),   al ostentar 46 de sus 70 títulos en dicha superficie, incluyendo la hazaña sin precedentes de ganar 11 veces el Roland Garros.

Su tío Miguel Ángel es un ex jugador de futbol del Barcelona y el Mallorca; en tanto su tío, Antonio Nadal, fue jugador de tenis de alto nivel. Precisamente fue este último quien lo formó dentro del deporte blanco, a petición de la madre de “Rafa”, Ana María Parera, de instruirlo en el tenis, como medida para calmar su hiperactividad, propia de cualquier niño de esa edad.

Justamente, no hay mejor palabra que formación para describir la loable tarea que “El tío Tony” realizó con Nadal, entendiendo que formar no es sinónimo de entrenar. Un formador tiene la encomienda de crear un jugador desde la nada, en tanto, un entrenador trabaja sobre algo que ya existe. Desde cero instruyó a su sobrino en cuestiones tenísticas y psicológicas, teniendo claro ambos que la mente - cuerpo están estrechamente relacionadas.
“El Tío Tony” técnicamente fue el responsable de que, pese a que Rafael Nadal es un diestro natural, lo alentó a convertirse en zurdo por considerar que con la mano izquierda tendría más fuerza para impulsar la pelota. Pero donde más injerencia tuvo en la formación de su sobrino fue en el aspecto mental, donde pese a todas las vitrinas llenas de trofeos que acumuló Nadal a nivel infantil, juvenil y Challenger, siempre le exigió un alto grado de autocrítica y disciplina. Encontrando en el conformismo y la vanagloria las puertas de entrada al estancamiento humano.

El acero solo se forja a altas temperaturas y el carácter se forma en la dificultad, nunca en una zona de confort. Por ende, Antonio Nadal durante años y con toda intención, hizo entrenar en canchas y con pelotas en malas condiciones a “Rafa”; además de que alargaba por tiempo indefinido las sesiones de entrenamiento pues le interesaba medir su resistencia a la frustración de su sobrino, así como que aprendiera a tener tolerancia y, sobretodo, capacidad de respuesta a la adversidad.

Al Tío Tony con cariño: la cultura del esfuerzo
-“Tío, ¿qué será lo primero que aprenderé?”, cuestiona con expectación un Rafael Nadal de apenas cuatro años de edad, a la par de dar la impresión de que la raqueta que sostiene entre las manos es demasiado pesada y alta.
-“Primero te forjaré un carácter fuerte y hecho esto, daremos paso a instruirte tenísticamente”, responde tajantemente Antonio Nadal Homar, a quien su sobrino llama cariñosamente “El tío Tony”. 
-“¡Joder! Menudo aprendizaje el tuyo”, expresa el pequeño ‘Rafa’ sin empacho en externar cierta desilusión y descontento, no sabía que aquella primera lección impartida por ‘El tío Tony’ se volvería su sello de batalla  y personalidad: la capacidad de aguante y de batalla, poniendo siempre por delante el corazón  en cada partido.
En cualquier deporte, ni el entrenador más galardonado puede tener éxito si del otro lado no hay un pupilo que se deje guiar y absorba todo el conocimiento que se le brinda. Aquí radica otra razón del éxito de Rafael Nadal pues era inteligentemente dócil y obediente. Razón clave para que durante los 27 años que “El tío Tony” estuvo en su banquillo conquistaran juntos 75 de los 80 títulos acumulados por el actual número dos del mundo. De hecho, en cuestión de estadísticas, Antonio Nadal Homar aún ostenta la marca en toda la historia del tenis de ser el entrenador que más títulos obtuvo con un solo discípulo.
Pese a que Antonio Nadal dejó de ser el entrenador de “Rafa” tras la victoria de éste en el US Open de 2017, el sello que le inculcó a su sobrino permanece intacto: jugar cada punto como si fuera el último y disputar cada partido emulando que se le escapa la vida en ello. Ya sea en un cotejo de un Grand Slam, Masters 1000 o ATP 500, su característico grito de lucha “¡Vamos!” resulta un homenaje a su formador, titulado “Al tío Tony con cariño”. Al final de cuentas no hay mejor manera de que un alumno homenajeé a su maestro, que poniendo en práctica todas las lecciones que le enseñó. 

La doctrina esencial de Rafael Nadal
El cuatro veces campeón de la Copa Davis con España, influido por las enseñanzas de su tío Tony, ha desarrollado una serie de postulados y valores que, desde la perspectiva de los Nadal, son claves en el éxito de todo individuo. 
  • Perseverancia
  • Esfuerzo
  • Disciplina
  • Sacrificio
  • Respeto al rival
 
Claves del éxito según los Nadal
  1. La capacidad de aguante es determinante en la vida.
  2. Primero se forja el carácter y después al atleta.
  3. Es indispensable desarrollar un amplio sentido de autocrítica, es muy difícil avanzar si no se posee.
  4. Ser responsables de todo lo que nos pasa en la vida. Cada individuo se forja su propio destino.
El hijo predilecto de la tierra batida
Se dice que todos provenimos de la Madre Tierra y, como tal, somos sus hijos. Partiendo de dicha idea pareciera que Rafael Nadal es uno de sus vástagos predilectos pues es prácticamente imbatible sobre dicha superficie.
Sus números dan cuenta de su fortaleza en arcilla, al registrar un récord de 415 victorias por tan solo 36 derrotas, para un impresionante porcentaje de efectividad del 92%. Enfatizándose en la pasada temporada de 2018, misma en la que sumó 26 triunfos ¡y solo un descalabro! a manos de Dominic Thiem en el Masters 1000 de Madrid.


El palmarés del “Toro de Manacor” en polvo de ladrillo luce a kilómetros de distancia de cualquier otro tenista. A la fecha suma 11 títulos de Roland Garros y Monte Carlo, nueve de Barcelona, ocho de Roma y cinco de Madrid. Si esto no resultara suficiente, su marca en Roland Garros de 86 victorias y solo dos derrotas, no merecen otro calificativo que el de fuera de serie.
Para enfatizar su dominio sobre la tierra batida resulta pertinente señalar que a sus 32 años es el tenista que más veces ha ganado un Grand Slam. Sus 11 coronas en Roland Garros marcan una abismal diferencia con los ocho gallardetes de Federer en Wimbledon, las siete coronas de Richard Sears y Bill Tilden en el US Open o los siete campeonatos de Novak Djokovic en el Abierto de Australia.
Para Rafael Nadal, más allá de cuántos Grand Slam pueda sumar a los 17 que ya ostenta, el día que diga adiós al tenis profesional, su legado siempre se ligará al polvo de ladrillo. Bastándole tomar un puño de tierra batida, para que el granito rojo que caiga entre sus dedos y vuele como el vaho de las ciudades le indique a dónde pertenece.
Por otra parte, a cualquier chico que se inicie en el tenis le bastará respirar el olor a la arcilla recién mojada para recordar que existió un tiempo en que un chaval de Islas Baleares enamoró al mundo con su garra y enorme corazón derrochado en sus partidos, pero sobre todo al aleccionarnos en que cualquier sueño se vuelve realidad cuando el miedo interno cede frente al fuego de la voluntad. Todo es cíclico, provenimos de la madre Tierra y ésta nos abrazará cuando regresemos a sus raíces. Polvo somos y en polvo nos convertiremos…