Kokoro a la mexicana

Los japoneses son una de las culturas más espirituales, así que no te extrañará saber que ellos acuñaron este término para referirse a la profunda conexión que existe entre el cuerpo y el alma.

La palabra “kokoro” es un término de origen japonés que literalmente significa “corazón y mente” y que se usa para referirse a los aspectos que se realizan con la mente (es decir, usando un proceso cognitivo) y el corazón (o sea, los sentimientos). Sin embargo, este tema que a simple vista parece sencillo ha creado un gran debate en la comunidad científica y religiosa porque kokoro, en realidad representa justamente lo que nos hace humanos.


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Para Thomas Kasulis, quien ostenta la cátedra de Investigación Interreligiosa en el Instituto Nanzan, que forma parte de la Universidad Nanzan en Japón, la traducción “corazón y mente” es imprecisa: “podemos decir que kokoro es el centro, tanto de la sensibilidad emotiva como de la cognitiva. Por eso los traductores, a menudo las resumen como “corazón y mente”. El problema de esto es la conjunción “y” porque nos lleva a pensar que kokoro es una función combinada de dos facultades distintas, una afectiva y la otra intelectual, y no es así”. Y es que, para los japoneses, la mente y el corazón son una sola cosa y es la esencia de lo que nos hace humanos y nos separa de las máquinas y de los animales. Para algunos expertos en el tema, incluso, abarca la intuición, esa capacidad de predecir lo que sucederá basados en experiencias previasy en el conocimiento y análi de los hechos. Por lo tanto, kokoro es a la vez algo etéro que se puede demostrar con hechos más que con bases científicas; a pesar de eso, este tema ha logrado suficiente atención como para que surjan hombres de fe y de ciencia que tratan de entender y explicar este fenómeno.

Su efecto en la vida cotidiana
Esta noción de la intrínseca conexión corazón-mente, cuerpo-espíritu ya no es nueva. Por ejemplo, desde hace algunas décadas han surgido corrientes que afirman que las enfermedades son manifestaciones tangibles de las emociones negativas no controladas o mreprimidas. En un mundo en el que es cada vez más común que personas jóvenes padezcan males que antes sólo aquejaban a personas de edad avanzada, vale la pena sentarse a reflexionar en el kokoro de cada quien. El mundo moderno nos ha hecho creer que debemos cumplir un nivel de exigencias materiales, familiares y profesionales que no siempre están de acuerdo a lo que nosotros deseamos en realidad. Por eso, conviene hacer un ejercicio de silencio que nos permita reflexionar acerca de las deciciones de vida que hemos tomado y descubrir si están a corde a lo que en realidad nos hace felices. Saberlo es muy sencillo: la presencia de una malestia física recurrente, una efermedad declarada o en proceso, el insomnio, la depresión o la necesidad de consumir en exceso (alcohol, drogas, comida, compras compulsivas) son indicativos de que la mente y el corazón no se están comunicando adecuadamente. La tradición oriental favorece a la práctica de la meditación, el yoga y de otras prácticas místicas que ayudan a recuperar la sintonía entre el físico y el espíritu. Si hay buen kokoro, todo fluye. ¿Es tu caso?