Dustin Johnson en México

Tal como el ave fénix, Dustin Johnson, flamante ganador del WGC México Championship 2019, renació del infierno de sus adicciones para convertirse en uno de los campeones más emblemáticos de la PGA.

En la Grecia antigua se relataba la fantástica historia del ave fénix, pájaro similar a un águila, que tenía la capacidad de resurgir cada día de entre sus cenizas, volviéndose, hasta nuestros días, el símbolo de la imbatibilidad, pero sobretodo, una alegoría perfecta de renovación, de la lucha constante por dejar atrás el pasado y abrazar el presente; de la superación personal que solo puede ser alcanzada vía el desarrollo de la resiliencia. Y tal como el ave fénix, Dustin Johnson, flamante ganador del WGC México Championship 2019, renació del infierno de sus adicciones para convertirse en uno de los campeones más emblemáticos de la PGA.


¡Sólo por hoy!
20 de junio de 2016, Oakmont, Pensilvania. Dustin Johnson, hecho un manojo de nervios, intenta infructuosamente conservar la calma. A su alrededor, los fotógrafos que rodean el campo de golf de Oakmont, se mantienen a la expectativa de capturar la mejor imagen, ya que el oriundo de Carolina del Sur se encuentra a tan solo un hoyo de conseguir el primer Major en su carrera. En el green del 18, ya lo esperan tanto su esposa, la modelo Paulina Gretzky, como el pequeño hijo de ambos, Tatum, de apenas un año de edad. Al lado de ellos también lo aguarda un invitado inclusive de mayor importancia: la historia.

Dustin Johnson, consciente de lo cerca que está del triunfo, respira profundamente, al mismo tiempo que repasa mentalmente la mecánica de su poderoso swing; temeroso de revivir viejos fantasmas del pasado acerca de su fama de colapsar en los momentos definitorios de un Major, balbucea para sus adentros: “Sólo por hoy no tendré miedo de disfrutar lo que es bello, de creer que del mundo he de recibir acorde a lo que yo le dé”, que es el último postulado del “Decálogo de la Serenidad” escrito por el papa Juan XXIII.
Este texto le brinda a Johnson una poderosa energía tan letal como su célebre drive, que alcanza distancias superiores a las 400 yardas, llevándolo instantes después a conseguir un birdie en el último hoyo. Finalizando una tarde espectacular de cuatro bajo par para un total de 276, que lo hace acreedor a coronarse campeón del Abierto de Estados Unidos.


El público presente no oculta el frenesí que le provoca ver coronarse a Dustin Johnson, al considerarlo uno de los suyos, es decir el campeón del pueblo que, a través de sus conductas carentes de cualquier protocolo, desde el principio de su carrera reflejaba cierta rebeldía a la rigurosa etiqueta elitista del golf.
Para Dustin Johnson, más allá de colocarse el traje de Robin Hood, su primer Major significó su propia redención, para resurgir de sus propias cenizas y, en torno al amor que le profesaba al golf y a la calidez de su familia , dejar atrás un pasado gris debido a las drogas y el alcoholismo.
Exacerbación que continuó durante la ceremonia de premiación, al serle entregado el trofeo de campeón de manos de un tanto renuente e incrédulo Jack “El Oso dorado” Nickalus, quien en la percepción general, es el mejor golfista de todos los tiempos y la antítesis de Dustin Johnson. Nickalus era considerado todo un gentleman del golf y Johnson un paria, un rebelde que esa tarde demostró tener una causa.

Una flor en medio de la maleza
Dustin Johnson no representa al habitual golfista que alcanza el éxito por provenir de una familia adinerada. Al contrario, su acenso a la cima del golf mundial empezó desde un estrato social bajo, al emanar de una situación con considerables niveles de pobreza y problemas sociales en Carolina del Sur. Dustin Johnson, desde sus primeras prácticas en los campos públicos, no vio en el golf un hobbie de alta etiqueta, sino la vía para acceder a un mejor nivel de vida y así poder fugarse de la violencia y exclusión que diariamente flagelan a miles de ciudadanos en su estado natal.
En Columbia, Carolina del Sur, el sentido de supervivencia se palpita, se adhiere en todas las calles en el transitar acelerado de su gente, quienes hasta en su propio paso evidencian la impaciencia por emigrar a otra ciudad que vaya acorde con el vertiginoso ritmo de sus sueños. En la cruda realidad del asfalto local cobra sentido la estrofa de Serrat: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y es que de los 4.6 millones de personas que conforman su población, casi un millón viven por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, el ingreso per cápita apenas alcanza los 24 mil dólares y el sueldo mínimo no supera los $7.25 dólares.


Dustin Johnson floreció en medio de esta maleza al demostrar ser un prodigio del golf, con una facilidad inusitada para cualquier infante de pegarle potentemente a la bola, además de una gran inteligencia para entender el juego. Razones que lo llevaron a destacar a nivel juvenil con la Coastal Carolina University al grado de ganarse, desde esa fecha, el mote de “el siguiente fenómeno del golf estadounidense”, pero antes de conquistar la cima de la PGA, primero tendría que domar sus intrínsecos infiernos dantescos, propios de un chico promedio de Carolina del Sur, que encuentra en la calle, para bien o para mal, a una segunda maestra.

Con tan sólo 16 años, la vida le propinó su primer revés al verse inmiscuido en un juicio por asesinato, del cual salió absuelto al demostrarse su inocencia, ya que fue obligado por el hermano mayor de un chico de su pandilla, en Carolina del Sur, a comprar balas en un supermercado para abastecer una pistola que había sido robada previamente. Horas más tarde con esa misma arma se cometió un homicidio en una Universidad, por lo cual el ahora dos veces campeón del WGC México Championship fue llamado a comparecer.
Contar con un talento implica ser dueño de un don y una pasión tan grande que dota de combustible suficiente el deseo de triunfo, el cual se vuelve tan ardiente que no existe fuerza en la faz de la tierra capaz de mitigarlo. Apelando a su talento y amor por el golf es que Dustin Johnson supo alejarse de las malas amistades, como él lo explica: “Estaba en el lugar y en el momento equivocados. Me miré después al espejo y me di cuenta de que esa persona no era realmente yo, ni era quien yo quería ser. Quería ir a la universidad y quería jugar al golf. Fue una decisión fácil volver a estar en el camino correcto, no quería tirar por la borda todas las cosas buenas”.

El golf su mejor ansiolítico
En 2014, ya instalado como una de las principales figuras de la PGA, afrontó la reyerta más dura de su vida al medirse contra un rival sumamente peligroso y conocedor de sus miedos: él mismo. Un escueto informe de la PGA disfrazó una suspensión de seis meses como “excedencia para resolver problemas personales” para ocultar el hecho de que había dado positivo por tercera vez en un control antidopaje; con esto, Dustin Johnson tocaba fondo, producto de su adicción a la mariguana y a la cocaína.
Para salir del hoyo de cualquier adicción, el primer paso es reconocerla, aceptando que supera nuestras capacidades y que se necesita de ayuda externa para desarrollar la fuerza de voluntad suficiente para levantarse de nuevo. Johnson encontró en casa, en el amor a su esposa e hijos, la luz para salir de dicho abismo. Un principio de la metafísica determina que no se puede perder algo que está destinado a ser nuestro, así que si está en nuestro camino, no se irá; pero de no ser así, no será un fracaso, sino un aprendizaje que nos permitirá evolucionar. En su caso, el golf nunca abandonó a este deportista, al contrario, siempre le fue noble hasta en la adversidad, sirviéndole como el mejor ansiolítico durante su proceso de sanación.


El vuelo del ave fénix
El regreso de Dustin Johnson al golf profesional fue por la puerta grande, acorde a la talla de su talento, al ganar en 2015 el WGC Cadillac. Y para la siguiente temporada, en 2016, se volvió toda una máquina de hilar campeonatos, conquistando el Abierto de Estados Unidos, el WGC Bridgestone Invitational y el Campeonato BMW. Finalizando como primero en la lista de ganancias, además de ser nombrado como Jugador del Año por el PGA Tour.
2017 fue el año que marcó su acenso a la posición número uno del ranking mundial al ganar el Génesis Open. Ligando su nombre a la exclusiva lista de tan sólo 22 jugadores que han alcanzado dicho honor desde que, en 1986, se fundara la PGA. En una época donde la figura mediática del golf es un “tigre” y con campeones de fina estampa como: Rory McIlroy, Justin Rose y Brooks Koepka, Dustin Johnson demostró tener el mismo gen ganador al liderar, por espacio de 81 semanas, entre febrero de 2017 y octubre de 2018, el ranking de la PGA.
Ese mismo año también conquistó tierras aztecas al ganar el primero de sus dos títulos del WGC México Championship, triunfo que formaría parte de sus tres campeonatos consecutivos junto al torneo de Los Ángeles y el WGC Match Play. El último par de años, su idilio con la victoria continuó al levantar en 2018 los cetros del Torneo de Campeones, el St Jude Classic y el Abierto de Canadá, en tanto, en lo que va del 2019, ya suma el Saudi International y repitió en el WGC Mexico Championship, conocido como “la fiesta azteca del golf”. El pasado domingo 24 de febrero, tan pronto Dustin Johnson alzó el título del torneo, dejó atrás su papel antagonista para colgarse la capa de héroe y dejarle en claro a los 15 mil asistentes presentes en el Club Chapultepec que para todo individuo no hay mayor triunfo que conquistarse a sí mismo, ni peor fracaso que su propio abandono.