Dopaje tecnológico

Así como el fracaso carcome el alma, la victoria ofusca, seduce y provoca adicción.

El éxito puede salirse de control y nublar el pasado de cualquier campeón hasta hacerlo olvidar cuántos sacrificios realizó para llegar a la cúspide. Entonces, la fama que a diario lo envuelve, se torna una incómoda exigencia ante una sociedad que siempre le demandará más: el logro épico del presente, les lucirá insignificante a la mañana siguiente y exigirán al deportista un nuevo récord; un salto de mayor distancia; un tiempo más bajo en el cronómetro o cargar mayor peso. Se le obliga a ser un dios en un mundo de humanos y no hay cuerpo ni mente que resista por siempre tal nivel de exigencia y, mucho menos, al paso inevitable del tiempo. Entonces, el campeón venido a menos, se interroga “¿hasta dónde soy capaz de llegar para mantenerme en la cima?” Ahí aparece el fantasma del doping tecnológico.


Cuando se habla de dopaje en el deporte, inmediatamente, la mayoría de las personas lo asocian con el uso de sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento del atleta y que éste obtenga cierta ventaja sobre el resto de sus adversarios. Este tipo de dopaje es conocido como fisiológico, pero en los últimos años ha tomado mayor notoriedad otro al que se conoce como tecnológico. Mismo que ha sacudido fuertemente las bases de muchas disciplinas deportivas al grado de dividir opiniones. Por un lado, se hallan quienes están a favor, porque consideran que los avances tecnológicos también tienen que estar al servicio del deporte; por el otro, hay un bando que lo condena enérgicamente porque opinan que atenta contra la ética e igualdad de circunstancias entre los atletas, al estar sólo al servicio de los deportistas que pueden pagar por hacerse de esos recursos tecnológicos, relegando a los que no tienen el mismo poder adquisitivo. ¿Pero en qué consiste el dopaje tecnológico? La Agencia Mundial Antidopaje (AMA), creada en 1999 por el Comité Olímpico Internacional, lo define como obtener una ventaja competitiva, usando equipamiento deportivo que “aumente el desempeño” o que “atente contra el espíritu del deporte”.

Pero más allá de abogar o criticar al dopaje tecnológico es prioritario reconocer que se ha vuelto un protagonista principal en diferentes disciplinas deportivas, donde distintos medios de comunicación han informado de extensos casos o atletas que han recurrido a eso para salvaguardar sus respectivas carreras. Exhibiendo que la ciencia y los avances tecnológicos, además de ir un paso adelante, siempre encuentran un resquicio en los ambiguos reglamentos de competencia de cada deporte para sacar provecho.

EL LZR RACER
Un antes y después en la historia de la natación
En un deporte como la natación, donde el tiempo es tan decisivo que hasta las centésimas cuentan, cualquier tipo de ayuda es bien recibida o, al menos, ése era el canon a seguir por cualquier nadador de alto rendimiento. Por lo cual era lógico pensar que en algún momento la natación se vería superada por la tecnología y esa cita se cumplió el 13 de febrero del 2008 en Nueva York, cuando la firma Speedo presentó su famoso traje de baño LZR Racer, fungiendo como sus modelos tres tritones y sirenas de la natación estadounidense y mundial como: Amanda Beard, Natalie Coughlin y el propio Michael Phelps.


EL LZR estaba recubierto con nano partículas hidrofóbicas que alejaban el agua, permitiéndole a los nadadores desplazarse más rápido, reduciendo entre un 1,9 y un 2,2% los tiempos de cada nadador. El traje marcaría una revolución y los resultados no tardaron en llegar. Tan sólo en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, 94% de las pruebas fueron ganadas por nadadores que llevaban el LZR; además, el 98% de los medallistas de natación portaban este traje de baño. Pero el gran boom del LZR Racer y su posterior controversia llegó en el Mundial de Roma (2009) al batirse ¡43 récords mundiales! cifra nunca antes alcanzada en ningún otro mundial de natación.

El daño ya estaba hecho y así lo hicieron entrever numerosos entrenadores de natación, quienes argumentaron que el LZR y cualquier otro tipo de traje de alta tecnología atentaba contra la esencia de la natación al hablarse más de la prenda o de la compañía que lo fabricaba que del propio nadador. Finalmente, en el 2010, la FINA (Federación Internacional de Natación), prohibió el uso de bañadores de nanotecnología. A la par, se especificaron criterios estrictos en la confección de los bañadores tanto para hombres como para mujeres. Y por último, se puso la regla de que todo traje de natación que fuera a usarse en Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales debería ser aprobado por la misma federación con un año de anticipación, por lo menos.


UNA MANCHA MÁS EN EL
historial gris del ciclismo


Un deporte tan fascinante como el ciclismo ha dañado su imagen por repetidos casos de dopaje sistemático, como el de Lance Armstrong. Pero en recientes años esta problemática se ha agravado al documentarse los primeros expedientes de dopaje tecnológico o mecánico, como el de la belga, Femke Van Driessche, quien en 2015 montó un motor eléctrico en su bicicleta. Por lo cual cumple una sanción de seis años por parte de la Unión de Ciclistas Internacionales (UCI), que comprende del 11 de octubre del 2015 al 10 de octubre del 2021.

Asimismo, le fueron retirados todos sus títulos entre los que destaca el de campeona de Europa Sub- 23 y se hizo acreedora a una multa económica de 18.180 euros. La sanción de Femke Van Driessche alcanzó niveles mediáticos obligando, en consecuencia, a la UCI a considerar dopaje tecnológico el uso de una bicicleta que no se impulsa exclusivamente por medio de una cadena y del movimiento de piernas del ciclista, sino por medio del auxilio de algún tipo de sistema eléctrico.



¿THUMBS UP OTHUMBS DOWN?
El dopaje tecnológico es muy difícil de clasificar como tal porque es innegable que el uso de la tecnología está inmersa en cualquier deporte, desde un nivel amateur hasta el de alto rendimiento. Miles de runners compran tenis que se ajustan a una pisada más uniforme o que son más aerodinámicos; en el tenis, cualquier aficionado puede ir a un centro comercial y adquirir una raqueta con los metales más ligeros que le brinden un menor peso y, con ello, mayor fuerza en el golpeo. ¿Todos ellos incurren en dopaje tecnológico? En el caso de la natación, si bien se demostró que el LZR Racer marcaba una diferencia entre quienes lo portaban, no entraría en la clasificación de dopaje tecnológico, ya que el traje al final de cuentas no nadaba solo.

Phelps y compañía ya eran excelentes nadadores con o sin él. El error fue que se centró más la atención en el modelo o la rivalidad de marcas (Speedo, Arena), que en el propio nadador. Situación diametralmente opuesta al ciclismo, donde el llamado dopaje mecánico demuestra que sí se incurre en trampa, porque el esfuerzo individual, canon fundamental en el que se basa el deporte, es suplido por una fuerza externa que se encarga de ejecutar las acciones o habilidades que deberían ser exclusivamente responsabilidad del propio atleta. Más allá de determinar qué es y qué no es dopaje tecnológico, lo cual sea dicho de paso es sumamente complicado, se debería arropar todos estos avances tecnológicos en beneficio del deporte con ciertas estipulaciones básicas, como que éstos queden al alcance de cualquier deportista de alto rendimiento, para que la competencia sea justa y con igualdad de condiciones. La humanidad y el deporte, como parte de ella, no se pueden resistir a algo tan inevitable como la modernidad y los avances tecnológicos.