Deportistas que jugaron dos deportes


La desgracia, la búsqueda de una mejor calidad de vida, un juramento a un padre o simplemente explotar el talento otorgado por el propio destino, ha propiciado que surjan atletas superdotados, capaces de volverse leyendas en dos o más disciplinas. Ellos demuestran que no existe limitante alguna que diezme la fuerza de la voluntad.

Michael Jordan

¿Cuánto vale un juramento hecho a un familiar en su lecho de muerte? Para Michael Jordan, el mundo entero, ya que “Su Majestad”, tras tres campeonatos consecutivos con los Toros de Chicago, anunció el 6 de octubre de 1993 su retiro de las duelas. Abdicó a la corona de ser el mejor basquetbolista de la NBA para volverse un soldado raso dentro de Las Grandes Ligas, cumpliendo así con la promesa hecha a su padre, James Jordan, recién asesinado, de que jugaría béisbol a nivel profesional.
La conmoción estalló como la pólvora al verlo enfundado con la casaca de los Birmingham Barons, sucursal en la Liga Doble A de los Chicago White Sox. Todo rey, desde su nacimiento, tiene la percha de serlo y Michael Jordan con el bat y el guante reflejaba la viva imagen de cómo debía lucir un pelotero de élite. Pero el llamado “rey de los deportes”, receloso de ser conquistado por otro de la misma jerarquía, siempre se le resistió. En 127 encuentros en ligas menores su promedio fue de .202 de bateo, 3 cuadrangulares y 88 imparables en 497 visitas a home. Los números fueron claros: zapatero a tus zapatos.
El destino siempre ha sido benevolente con Michael Jordan, otorgándole, que el 22 de abril de 1994, alineara como sexto bat y cubriera el jardín derecho de los White Sox frente a los odiados Cachorros de Chicago, en el mismísimo Wrigley Field.
Esa calurosa tarde, trasladó la grandeza que imponía dentro de la duela al diamante de juego, terminando con un doblete y dos carreras impulsadas en el cotejo que finalizó en empate 4-4. La afición Media Blanca esa vez habló acerca de cómo “el eterno 23” se había convertido en el héroe de la tarde, siempre con la mirada al cielo, buscando entre las nubes a su padre para decirle “Papá, la promesa está cumplida, te quiero”. Sobre el césped del Wrigley Field quedó grabada la tarde de gloria en el béisbol del rey del básquetbol, quien demostró algo más sustancioso que cualquier éxito personal: que los pactos de familia no se rompen ni se pierden, solo se disuelven en un camino que llamamos vida.


Deion Sanders

El oriundo de Fort Myers, Florida, es considerado el prototipo del atleta perfecto gracias a sus innatas capacidades físicas que lo llevaron a jugar al mismo tiempo (de 1989 a 1995) en la NFL y en la MLB. Inclusive, es el único atleta en la historia del deporte en Estados Unidos en participar tanto en una Serie Mundial como en un Súper Bowl, ganando tres anillos (2 con San Francisco y 1 con Dallas) y perdiendo el Clásico de Otoño de 1992 con los Bravos de Atlanta en seis juegos, frente a los Azulejos de Toronto.
Deion Sanders ligó su imagen con la marca de Nike al grado de que la compañía estadunidense le solventó, el 11 de octubre de 1992, todos los gastos de traslado para cumplir la meta de volverse el primer jugador en disputar, en un mismo día, tanto un partido de Grandes Ligas como uno de NFL. Por lo cual, tras jugar a la una de la tarde con los Falcons el partido de temporada regular contra los Delfines de Miami, inmediatamente tomó un vuelo privado con destino a Pittsburgh, para ser elegible dentro del roster de los Bravos de Atlanta que disputarían, a las 9:00 pm, el quinto juego de la Serie de Campeonato de La Liga Nacional frente a los Piratas. Pese a llegar sobre la hora al partido, el llamado nunca llegó, impidiéndole que lograra tan importante gesta publicitaria.
Sin embargo, Deion Sanders logró que su nombre quedara grabado en la inmortalidad al pertenecer al Salón de La Fama de la NFL con más de 55 intercepciones y 22 anotaciones. Asimismo, como parador en corto de “La Gran Carpa” logró una marca de .263 de bateo de por vida con 186 bases robadas; el egresado de Florida State sumó 641 partidos de Grandes Ligas y 188 juegos en la NFL. ¡Todo un récord!


Bo Jackson


En Estados Unidos, solo cada cien años surge un fenómeno atlético como Vicent Edward Jackson, mejor conocido como “Bo” Jackson, primer atleta en ser seleccionado All Star, tanto en la MLB (1989) como en la NFL (1990). “Bo” Jackson empezó a forjar su leyenda desde la etapa colegial, al jugar ambas disciplinas para la Universidad de Auburn; inclusive sus 4,303 yardas totales le valieron ganar el Trofeo Heisman en 1985, blasón concedido al mejor jugador de futbol americano universitario de cada temporada.
Pese a ser reclutado como la primera selección del draft de 1986 por los Bucaneros de Tampa Bay, optó por jugar en Las Grandes Ligas, a causa del enojo que le provocó ser víctima de un engaño de la directiva de Los Bucaneros, quienes le ofrecieron un viaje en jet privado, a sabiendas de que dicha acción era penalizada por la NCAA. El organismo educativo, al enterarse, le prohibió disputar su última temporada como colegial en el béisbol.
El impacto de “Bo” Jackson en la MLB fue mayúsculo a lo largo de ochos años (1986-1994), registrando cuatro temporadas de 20 home runs y una campaña de más de 100 carreras producidas. Viviendo su mejor momento en 1989, cuando fue galardonado como el MVP del Juego de Estrellas. En tanto, su travesía como corredor en la NFL (1987-1990) se resumió a solo cuatro temporadas, contabilizando 2782 yardas por tierra y 16 anotaciones.
El autor intelectual de persuadir a “Bo” Jackson de revertir su rechazo a la NFL fue el siempre excéntrico Al Davis, dueño de los entonces Raiders de Los Angeles. Él lo convenció de firmar con “Los Malosos”, al permitirle que jugara al mismo tiempo tanto en “La Gran Carpa” como en la NFL. Dicha acción se volvió un gran acierto ya que, junto a Marcus Allen, “Bo” Jackson formó uno de los ataques terrestres más dominantes en la historia de la liga.


Alex Zanardi


Todo individuo necesita de un porqué que justifique su existencia. Como demuestra el testimonio de Alex Zanardi, hasta un hecho trágico, cuando todo pareciera estar acabado, no indica necesariamente un punto y final, sino un mero cambio de página que nos permita escribir más adelante el clímax de nuestras vidas.
Para Alex Zanardi, bicampeón de la Serie Cart y ex piloto de Fórmula Uno, el destino le dio un vuelta de tuerca cuando, el 15 de septiembre de 2001, durante la carrera del American Memorial, sufrió un aparatoso accidente con su monoplaza al ser impactado de frente por otro bólido a más de 300 kilómetros por hora, costándole la amputación de sus dos piernas.
Lejos de victimizarse, le plantó cara a la adversidad y tras varias rehabilitaciones, mediante las adaptaciones pertinentes a su vehículo pudo volver a correr en distintos seriales. Su regreso al automovilismo, tan solo por sí mismo, ya era digno de admiración, pero a los ojos de Zanardi aún no era suficiente. La desgracia, se volvió su motor de vida, por lo cual, qué mejor lugar que unos Juegos Paralímpicos para difundir el mensaje de que hasta en las condiciones más adversas hay un espacio de oportunidad para hacer realidad un sueño y dar aliento al aparentemente débil o desfavorecido. Al igual que sorprendió al mundo con sus 15 victorias y 28 podios en la Serie Cart, maravilló en Londres 2012 al convertirse en bicampeón paralímpico en las pruebas contra reloj individual H4 y de ruta categoría H4 en ciclismo de mano.
Sin embargo, la vida siempre encuentra la forma más irónica de medir qué tanto se ha superado un suceso lastimoso, poniendo a prueba el temple de Alex Zanardi en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, pues se colgó la medalla de oro en la contrarreloj H5 ¡justamente el mismo día, pero quince años después, del accidente que le costó la amputación de sus piernas! Esa tarde del 15 de septiembre de 2016 Alex Zanardi no solo superó a más de 20 contrincantes, sino a sus propias limitantes, pero sobretodo a la adversidad, misma que tiempo atrás lo había rebasado, pero que ese día, en definitiva, perdió la carrera por detenerlo. Entendiendo que es imposible contener a quien nace para ser un huracán.